Un día en Phnom Penh

Llegué a Phnom Penh un poco porque “pasaba por allí” y no me arrepiento en absoluto, me encantó, una ciudad caótica, con muchísima vida y que me dejó una sensación que no se me olvidará.

Aterricé un día por la tarde, esa tarde simplemente salí a pasear, sin mapa a ver qué me encontraba, me alojaba cerca del palacio real y quizá por eso no vi cosas que Labekoa vió en su viaje y que no le gustaron nada (Señores con niñas, ya me entendéis).

Al día siguiente, al salir del hotel había dos tuk-tukeros esperando, les dije la ruta que quería hacer (Choeung Ek – Tuol Sleng – Russian Market – Royal Palace) regateé  y por 18 $ contraté el tuk-tuk para todo el día (de 9 a 16 aprox.) Cuando regateas siempre tienes la sensación de que te están tangando, y siempre hay quien te dice que ellos han hecho eso mismo por 10$, pero bueno, yo soy pésima regateando, así que…

 

La primera parada fue a 14 km de la ciudad, los “killing fields” (Choeung Ek Memorial, 5$), donde mataron a más de 17.000 personas (hombres, mujeres y niños). La audioguía y el lugar te ponen los pelos de punta, es el campo de exterminio (y lamentablemente he visto varios) más escalofriante… HORROROSO lo que el ser humano es capaz de hacer.

 

Con el estómago del revés, fuimos a la siguiente parada Tuol Sleng Genocide museum, 3$ . Es una escuela que se transformó en prisión, y hay salas y salas con fotografías de gente a la que los jemeres rojos asesinaron.  Salas y salas. Buf.

 

Y con el ánimo apesadumbrado pensando en las miserias humanas, cambié totalmente de tercio cuando llegué al Russian market, pasillos enanos, puestos con millones de cosas, calor sofocante, gente, olores, agua por tus pies… toda un reto para los sentidos.

 

Creo que es un buen sitio para comer si no eres muy tiquismiquis, (si lo eres, quizá este  no sea tu mejor destino), comí en un puesto sin saber muy bien qué me iban a dar (carteles no había ninguno) y me salió bien, ¡estaba muy rico! (1 dolar un plato de una especie de noodles con verduras, costaba 2 dólares si lo querías con carne y huevo)

A la salida del Russian Market (donde puedes pasar HORAS) me comentó el conductor del tuk-tuk que el Palacio Real todavía no estaba abierto, que qué hacíamos. Le dije que me llevara al Museo Nacional, 3$ (está al lado) y ya me quedé por allí andando, que ya estaba todo cerca. Las colecciones de arte del museo son muy bonitas y los jardines y el tipo de edificios también.

 

Al palacio Real y a la pagoda de plata no fui, me apetecía más pasear y perderme por las calles, así tengo excusa para volver 😉

Además de pasear, decir mil veces que no quería ni tuk-tuk, ni piña, ni piño, ni visitar orfanatos, ni comprar calendarios, ni nada, hice el tipico viajecito en barco por el río 5$ (ya os he comentado, me das agua y un barco y yo tan feliz) con la puesta se sol.

Cuando bajé del barco estaban poniendo el mercadillo nocturno, estuve dando una vuelta y volví al hotel a cenar por la zona.

Fue un día bastante completo y te puedes hacer una idea de la ciudad, a la que mucha gente no va porque sólo se acerca a Siem Reap. No es la ciudad más bonita del mundo, ni mucho menos, pero a mi me gustó mucho, esa locura generalizada, esas mujeres por la calle en pijama, esos miles de niños en la calle jugando al fútbol. Cruzar es una odisea, tu te lanzas, estudias un poco la cadencia del tráfico y vas pasando carriles hasta que llegas a la otra acera, entre pitos, regates y mucho jaleo.

Me alojé en el Pavilion hotel, una gozada, muy muy recomendable.

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