De engaños, timos y regateos

Cuando viajas a sudeste asiático de lo primero que te advierten es que te van a engañar, que para ellos eres un monedero con patas y que te van a intentar sacar todo lo que puedan.

Hoy os voy a contar mi experiencia al respecto, no lo cuento para que vayáis con miedo, ni de uñas ni nada, lo cuento porque las cosas pasan, y es mejor no hacerse mala sangre, shit happens, como dicen algunos.

Bangkok

En Bangkok tuve dos experiencias, la primera en un barco que te lleva por el río a los templos (¿Vais viendo la pauta?, si hay un barco, me monto), aquello era caótico, estaba lleno de gente y había una mujercilla que iba cobrando (el precio era de céntimos, nada importante), cuando llegó a mí me cobró tres tickets, por el morro. Me dí cuenta, el de al lado (un local) se dio cuenta y me devolvió el dinero. Pero si cuela, cuela.

Ese mismo día estaba yo caminando por una zona no demasiado turística cuando una mujercilla me empieza a dar charleta que qué hago por allí, que si sé lo que hay que ver, que ella me hace un itinerario, que hay unos tuk tuks muy baratos, que ella me lo organiza, que mira qué casualidad que pasa justo uno por aquí… en realidad podría haber hecho lo que ella proponía y que se llevara la comisión, pero en ese momento me apetecía más pasear.

Y EN EL MOMENTO en que sacas el mapa, siempre se te acerca alguien diciendo que él te acerca. Con un “no, gracias” lo apañas, no suelen insistir demasiado.

Siem Reap

En Camboya nadie me pidió dinero, lo que hacen es vender, venden postales, pulseras, flautas, piña, agua, gorros… no sé ni las veces que dije esos días “no, gracias”, tengo mucha paciencia y aun así hubo algunos momentos en que les habría gritado, porque son decenas de personas las que te rodean a la salida de los templos intentando venderte cosas…

El primer templo al que se suele ir es Angkor Wat, y los vendedores lo saben, tu vas “virgen” y todavía no sabes cuánto cuestan las cosas. Y allí estaba yo, una señora me dice: “Ven, ven a mi puesto”. Voy y veo una camiseta que me gusta, pregunto el precio y es carísima, ella aprovecha para hacerme un pack con un pañuelo de seda camboyana y nosequé más. Me parece todo muy caro y le digo que no, y ella dice “Dime tu el precio” y le digo que 10 dólares por todo. Me dice que vale.

Los pañuelos, como vi luego en TODOS los templos a 2 dólares. Me sentí superboba… la tipa esa me había engañado vilmente.

Estaba otro día en un templo en el que no había nadie y aparece un crío que me dice

– ¿Sabes qué templo es este?

– No

– El templo de nosequé

– Ah, qué bien, gracias

– ¿Sabes de qué año es?

– No

– De loquesea

– Aja, gracias

Y siguió, y siguió y me enseñé el templo, y trepamos y cuando estábamos en todo lo alto me pidió pasta para su colegio y para él, y (llevaba muy poco suelto) como consideró que le daba poco, me pidió más. Y me dejó en todo lo alto y que bajara sola 😛

Tengo alguna más, pero en la misma línea. Como veis no son grandes cosas, pero que pasan es cierto. Mi consejo es que os relajéis y disfrutéis y si os cobran el agua a un dólar y al de al lado le dan dos botellas por un dólar tampoco os hagáis mala sangre, que no merece la pena.

Ah, y un consejo final. En cuanto al regateo, la estrategia que tienen es “dime tu el precio”. Si les das un precio y te dicen que si, es que ellos te lo habrían vendido por menos, ya lo sabes para la próxima.

 

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