La cara y la cruz de Tam Coc

Tam Coc es conocido como el “Halong en tierra”, está al sur de Hanoi y se suele ir desde allí en un tour que incluye Hoa Lu (antigua capital de Vietnam), Tam Coc y un rulo en bici por la zona.

Voy a contar la historia de dos formas distintas, porque como todos sabéis, las historias casi siempre tienen dos versiones.

Empecemos por la cara de Tam Coc. Es precioso, son dos horas de paisajes increíbles, muchísima paz y un sentimiento de pequeñez ante lo grande que es el mundo.

B1A lo largo del camino se pasa por tres cuevas, se ve gente local pescando, muchísima vegetación e incluso la persona que te lleva te deja remar un rato si te hace ilusión, aunque es bastante incómodo, porque te dan un remito enano que no sirve para mucho.

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Me hubiera gustado que durara mucho más, porque el sitio merece mucho la pena.

Sigamos por la cruz de Tam Coc. Todos sabemos que en muchos países somos monederos con patas, pero lo de Tam Coc fue demasiado para mí, de hecho salí de allí de bastante mal humor. Pongámonos en situación. El tour que contratas ya incluye el viajecito en barca (80.000 VND, tres euros aprox) y el guía te dice antes de subir al barco que el remero espera una propina, pero que en ningún caso es obligatoria. Bien.

Empezamos la vueltecita y aquello parece el andén de Avenida de América a las 7.35 de la mañana.

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Pero no pasa nada, saco mi lado zen, hago que el resto no me importe y disfruto del paseo, voy con un chico de Singapur que también viajaba solo y era bastante divertido, ibamos comentando las cabras que veíamos o lo que nos llamaba la atención.

Al final del recorrido, después de una cueva muy chula, donde el barco da la vuelta nos encontramos con lo menos 7 barcas de señoras que te invitan a comprarles algo de beber o comer. Yo les dije que no quería nada, gracias. Y ellas me dijeron que se lo comprara a la remera. (Era una lata y dos cosas más que obviamente la remera iba a revender cuando le tocara a ella el turno en ese sitio, porque van rotando). Le pregunté a la mujer que remaba si ella quería, me dijo que sí. Le compro eso (100.000 VND, 4 euros).

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Vale, una vez hecho el paripé, seguimos, y al poco de seguir nos para en un lado y saca un cajón que le habían pasado de otra barca y nos empieza a vender camisetas, manteles y a su madre por los pies.

M2Mi compañero de barca le compra dos camisetas, la tía le insiste en que le compre tres, cuando ve que no hay manera me insiste a mi para que compre monederos. Estamos como 20 minutos con esto. Finalmente como ve que no hay más que rascar seguimos el camino.

A 50 metros de llegar al embarcadero se para y nos dice “tip, tip”, hablamos entre nosotros y decidimos darle 100.000 VND (4 euros) entre los dos, recordad que el precio del paseo es 80.000, le estamos dando más. Pues la tía se enfadó, que no, que más, insistió, insistió e insistió. Incluso nos empezó a pedir dinero si salía ella en la foto, aunque fuera de refilón, a dólar la foto! Nosotros nos mantuvimos en eso con un poco de mal rollo incluso, veíamos que teníamos que llegar al embarcadero nadando xD.

Fue bastante desagradable, ya me había advertido de esto Valentina, del blog mywanderingwondering con quien, por cierto, comparto amor a las hamburguesacas 🙂

¿Merece entonces la pena? Está bien el sitio, la verdad, pero sinceramente creo que si se tiene tiempo se puede ir a otros sitios mejores, es el único sitio (ni en Camboya, Tailandia, Malasia…) donde me he sentido violenta por este tema. Vamos, que tenía ganas de mandar a la señora dónde el aire da la vuelta por lo menos.

¿Os habéis fijado en cómo unas fotografías pueden contar una u otra historia?

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3 respuestas a La cara y la cruz de Tam Coc

  1. Menudo agobio me ha entrado sólo de imaginármelo. Odio que intenten sacarte el dinero de forma tan evidente y encima te hagan sentir culpable por ello. Yo, sabiendo esto, no iría.

  2. Viajera dijo:

    Yo estuve también en Vietnam y recuerdo con horror el asedio al que te someten para que compres algo. Cuando yo estuve el artículo estrella eran las postales. Unas ristras interminables de postales con fotografías de los años 50. Una pesadilla.

    Pero en cuanto a asedio al turista no he visto nada parecido a los vendedores y conductores de rickshaw de Agra (India), cuando vas a visitar el Taj Mahal. Los coches no se pueden acercar al recinto para evitar en lo posible que el monumento sufra por la polución. Son unos cientos de metros hasta la entrada en los que te asedian vendedores de pulseras, collares, conductores preguntándote sí necesitas rickshaw, bicicleta, imanes, postales, pendientes y la madre que los parió. Una vez dentro, estaba disfrutando del monumento y haciendo fotos cuando se me acercó un indio y me dijo: “Ven, desde aquí puedes hacer buenas fotos”. Incauta de mí, me acerco, hago la foto (no porque el sitio me pareciera espectacular sino para que me dejara en paz) y me dice: “1 €”. Yo alucinada le solté el euro, más que nada para que no comenzara a perseguirme y me montara algún numerito.
    Antes de entrar a ver el Taj Mahal me había perseguido un hombre bastante mayor para venderme unas pulseras con elefantes dibujados que eran un espanto. Tras decirle que no como 20 veces, me dijo que me esperaría a que saliera porque le iba a comprar las pulseras. Cuál fue mi sorpresa cuando al salir 2 horas después y por otra puerta me lo encuentro de frente y comienza con lo mismo:”Tù me compras pulsera, pulsera bonita, hecha a mano, española tacaña”. Cuando me había repetido la frase más de 20 veces me vuelvo y le digo: “vale, esta española tacaña te compra la pulsera, pero cállate. La pulsera no me gusta, pero te la compro para que dejes de perseguirme”. Cojo la pulsera, le pago y me voy, y cuál es mi sorpresa cuando tras llevar un rato andando me doy la vuelta y veo que me sigue. Prefiero no decirle nada porque odio ser maleducada, y más con gente mayor, y porque pienso que ya se cansará. Continúo andando y el tipo detrás. Me subo al autobús que te saca del recinto y espero junto con otros extranjeros a que el autobús se vaya. El de las pulseras sigue allí, mirándome desde abajo sin decir nada. Yo hago que no le veo. Poco antes de partir, y pensando que esa situación no era normal, me pongo de pie, ando hasta la puerta delantera, me bajo y le digo en mal tono” Oye, me has perseguido, me has llamado tacaña, me has vendido la pulsera, me has vuelto a perseguir. No lo entiendo. Qué coño haces aquí todavía?. Y me responde: nada, española tacaña. Sólo estoy aquí esperando a que se vaya el autobús y decirte adiós…… En ese momento no sabía sí darle un abrazo o una patada en el culo. Subí al autobús y efectivamente esperó a que se fuera moviendo la mano despidiéndose de mí.
    Cuando continué mi viaje por el resto de la India me imaginaba que tras una esquina aparecería el vendedor de pulseras como mi peor pesadilla.

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