De señoras enormes y predicadores.

Comentaba hace un rato @sesudoytrivial esta entrada de alt1040 sobre cómo Iberia usará tus aficiones para encontrar compañeros de asiento en los vuelos.

Al margen de lo que esto me pueda parecer (un absurdo total) me ha venido a la cabeza veces en los que si hubiera podido elegir, habría cambiado de compañero sin dudar. Allá van algunas batallitas:

Vuelo Zurich- San Francisco, 12 horas. Configuración del avión_2-4-2. Yo iba en la parte de dos asientos en la ventana. Llegó mi compañera de asiento: una señora ENORME que según se sienta se cubre con una especie de manta de pelo rosa hecha por ella misma y se hace bola. 12 horas estuvo así, y con el antifaz y los cascos, para salir tenía que saltarla. Hablarme no me habló, pero fue un agobio importante, tanto que me pasé dos horas donde las azafatas de pie por no estar arrinconada entre la masa rosa y la ventana. Última vez en mi vida que he pedido ventanilla, a partir de este viaje siempre pasillo.

Vuelo Honolulu-Dallas, 7 horas. Hasta el último minuto (literal) no supimos otro señor y yo si volaríamos no nos dejarían en tierra, finalmente volamos los dos juntos (el señor era enorme también) en los asientos de la mitad de la parte de 4. Y resulta que el señor había estado en bandas callejeras, puñalada en cuello y tatuajes incluidos y un día decidió cambiar de vida y abrazar la fe. Y ahora se dedicaba a  predicar. 5 putas horas hablándome, yo le decía que sí a todo y poco más me bautizo sólo para que se callara, pero no había manera.

Vuelo Los Ángeles – Honolulu: aquí la anécdota fue que tenía un crío al lado al que sus padres le habían enseñado que había que ser sociable y me dio charleta antes de despegar, al decirle que era de España me dijo “ah, si, lo conozco, mi abuela estuvo allí de misiones”. Creo que se hizo un lío el pobre, pero tenía buena voluntad.

Vuelo Madrid-Barcelona: menos mal que este es corto, porque tuve al lado una chica que si bien no me dio conversación (como veis es lo peor que me puede pasar xD) se pasó la hora del vuelo chupándose el pelo y comiéndose las puntas abiertas. Ajá.

Una de tren, en Dinamarca, iba de Copenhague a Odense, un par de horas de trayecto o así. En mesa de 4. El tío de enfrente tenía un tic que repetía cada 6 segundos exactos y que consistía en meterse la mano izquierda en los huevos, sacarla y olerla. Así cada 6 segundos durante dos horas. Precioso.

vagon

Volando a Bangkok hubo un tío que estuvo todo el vuelo bebiendo y aterrizó cantando el que viva España, y el tío era alemán. Tela.

Ah, y aterrizando en las Vegas tuvimos que dar un par de vueltas porque estaba aterrizando Obama y le habían despejado la pista y los que tenía delante se pusieron a discutir de política con los que llevaba al lado… adorable también.

Tren nocturno en Vietnam con literas, 9 horas de viaje por delante y aparece en mi vagón un tunecino IMPRESIONANTE, nos presentamos, compartimos cena, charlamos y todo parecía demasiado bonito hasta que aparecieron los otros dos del compartimento. Que por cierto, un tipo vietnamita me dijo que le diera mi lector de libros electrónicos porque era muy pobre y el jamás podría tener eso, y me lo dijo con un iphone en la mano el muy listo.

Y ya, que me pongo y no paro 🙂

Contadme vuestras batallitas, ¡compartir es vivir!

 

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7 respuestas a De señoras enormes y predicadores.

  1. ¿Y no tenías una cámara cerca para ponerle caretos a lo “Miranda”? Yo que tú me sacaba el carné de piloto, porque no sé cómo reaccionaría si me toca al lado al marrano que se huele la mano.

  2. varyamo dijo:

    Vaya tela, te pasa de todo xD
    Para mi lo peor fueron las 16 horas de tren (y otras 16 de vuelta) de Estocolmo a Kiruna (norte de Suecia), y sin literas ni nada, pero la compañía era buena, así que tampoco me puedo quejar.
    Mi mayor problema es que soy un antisociable de mierda y no suelo conversar con compañeros de viaje desconocidos a menos que la otra persona inicie conversación xD

    PD: Y sí, pasillo siempre, y más en viajes muy largos.

  3. radi dijo:

    yo no soy muy de dar conversaciones a desconocidos, tampoco me hago bola que para eso tiene una ensayada su cara de pocos amigos, solo tengo dos anecdotas y las dos son buenas:
    1. viaje en tren madrid-alicante: ya en el anden un chico más o menos de mi edad y yo nos dedicamos miraditas, él iba con otro pero tenían asientos y vagones separados y que casualidad que él se sentó en mi vagón, en los asientos que van enfrentados y yo estaba justo en los siguientes, lado opuesto, estuvimos mirandonos hasta albacete, donde se quedo libre mi acompañante y se mudo, 5 minutos tardó en venir la persona de ese asiento y debío pensar que eramos o muy amigos o pareja pq nos dijo que le daba igual cambiar el asiento. El resto del viaje e me pasó volando, nos dimos el tfno, nos llamamos un par de veces y no pasó de ahí pq no eramos de la misma ciudad… sin duda fue un flechazo (haciendo la mudanza encontré el papelito donde me escribió su tfno con una frase muy bonita)
    2. viaje en bus nocturno alicante- madrid: me toca un chico muy simpatico al lado, yo quería dormir y era una cotorra, me hice fan de él en cuanto le dijo al conductor que olía a pies y que hiciese algo (pq la gnte q se descalza no tiene vergüenza?) y este le dijo que no podía hacer nada, se levantom se plantó en el pasillo del bus y gritó algo así (muy educadamente): poneros los zapatos que el viaje es muy largo y huele que tira para atras… el esto del viaje estuvimos hablando sin parar,

  4. Mi memoria es selectiva (y mala). Lo único que se me viene a la mente es un viaje nocturno en autobús León-Aeropuerto de Barajas. Evidentemente, todos los pasajeros teníamos algún vuelo de madrugada, así que íbamos dispuestos a dormir todo lo que pudiéramos. ¿Todos? No. El chico que se sentaba detrás de mí (argentino, para más señas) decidió que era buen momento para intentar ligarse a su compañera de asiento. Más de 4 horas estuvo hablando sin parar, mientras la chica contestaba con monosílabos. No pegó ojo nadie en el bus, pero todos conocimos la vida y obra de aquel conquistador nocturno.
    No hay nada como la asocialidad.

  5. viajera dijo:

    La regla de oro para reservar un vuelo es SIEMPRE asiento de pasillo. Recuerdo un vuelo de Vietnam a España sentada en medio de una fila de 3 en que pensaba que me iba a suicidar o matar a alguien. El tipo del check-in en Hanoi me aseguró que era asiento de pasillo. Le deseé con todas mis fuerzas que no se le volviera a empinar en un año (me gustaría saber si mi maleficio fue efectivo).
    En algunos vuelos he pensado seriamente en hacerme la sordomuda para no entablar conversaciones con gente con la que no me apetece hablar ni me interesan lo que me cuentan. Si las azafatas pueden prohibir el acceso al avión a gente ebria deberían hacer lo mismo con los pesados/as. No sé si existe un test para saber si alguien es pesado, pero debería existir.
    La peor pesadilla con uno de estos plomos fue un judío con el que volé la mayor parte del trayecto a Auckland (Nueva Zelanda). Por narices quería que nos hiciéramos amiguitos, y yo sinceramente deseaba que le diera un ictus o algo para que parara de hablar (bueno, al menos una afonía temporal). Me contó su vida y milagros en inglés. Hablo un inglés fluido, pero me parecía un trabajo estresante estar permanentemente traduciendo las tonterías que me decía el tipo. El colmo fue que ya llegando a destino me dijo que si intercambiábamos nuestros emails. Contesté “No tengo” (¿quién se puede creer eso?, ¿no es una pista por la que puedes deducir que no me interesas en absoluto?). “¿y tienes Facebook?” No. “¿Twitter?” Tampoco. “¿En qué hotel te alojas?” Aún no lo sé (mentira). Cuando llegamos al aeropuerto de Auckland y no tenía el zumbido del judío en mis oídos me hizo ver la ciudad como el edén. A éste le deseé que no se le empinara más en la vida.
    Otro “compañero” memorable fue un argentino con diarrea verbal en un vuelo Ushuaia-Iguazú, al que le daba pánico volar. Me dio un viaje que lo recuerdo como los peores de mi vida. No paró de hablar durante todo el vuelo sobre accidentes aéreos, anécdotas horripilantes que le habían contado que le había ocurrido al amigo de un conocido de un amigo durante un vuelo. Trenes de aterrizaje que no se abren, humaredas sospechosas, rampas de evacuación, etc y el colofón fue que casi llegando a destino, el piloto por los altavoces avisó amablemente a los pasajeros que estábamos sobrevolando las cataratas y que inclinaría el avión para que pudiéramos verlas desde el aire. Cuando el avión comenzó a girar sobre su eje no se le ocurre otra cosa al mamarracho que agarrarse de mi brazo…¡de mi brazo! y me apretaba. Yo (que en esos lamentaba la buena educación que me habían dado mis padres) sólo le dije “¡Por favor!”, mientras sacudía el brazo para soltarme. Luego me pidió perdón por su atrevimiento, y le dije:”Si le da tanto miedo volar debería plantearse hacer el trayecto en autobús”. (Otro al que nunca más se le empinó….espero).

  6. claudiamary dijo:

    ¡JODER! el del tic me ha dado una arcada dios santo…
    ¡Genial recopilación :)!

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